Resistencia de lujo.

Publicado: 06/01/2014 en Uncategorized

En Venezuela hay una oposición curiosa: La Mesa de la Unidad Democrática  llama a desconocer al gobierno, pero, al mismo tiempo, invita a sus confundidos votantes a convalidar los sucesivos fraudes electorales chavistas. Duda de la legitimidad del presidente, pero al mismo tiempo, le exige que libere asesinos de acuerdo a las facultades que le da la ley que el mismo presidente ha violado. El último absurdo de esta derecha consiste en declararse enemiga del acaparamiento y de la usura, pero, al mismo tiempo, alza en brazos a gente como Miguel Cocchiola. Tal como van las cosas, pronto dirá ser hija del Che Guevara y declararse la autora intelectual del Plan de la Patria… Es gente que como un buen actor, dice una cosa, pero hace otra.

Retrocedamos un poco la película para entender mejor de qué va el asunto que motiva a este texto: luego de la elección de Maduro, y el caos fascista desatado para dar al traste con la revolución, la oposición trabajó en varios frentes: el insurreccional, con el candidato derrotado llamando a desconocer al gobierno; el económico, con la guerra especulativa y el contrabando de alimentos; y el boicot invisible, plan fino de continuo sabotaje a los servicios públicos, incluyendo un injustificadamente largo paro de universidades autónomas, intentando provocar una respuesta violenta del pueblo. Pero de ellos, la derecha pretendió sacar más beneficios políticos con el problema de la guerra económica: se dedicó un año entero a expresar conmiseración al pueblo humilde; dijo identificarse con sus dramas de supermercado, de su sufrida espera en largas colas y precios exorbitantes; con su aguante estoico antes innumerables cortes de electricidad y trancas de autopistas; para luego, decirle a ese mismo pueblo que “la culpa de todo esto la tiene el gobierno, y es necesario darle ahora un vuelco radical a la situación”. Sin embargo, tal vuelco (o “golpe de estado”, pues de eso es de lo que habla la derecha en estos casos), no llegó nunca, ya que la mayoría del pueblo sabía que era la misma derecha, al lado de una banda empresarial golpista, la responsable de la inflación inducida, el contrabando de alimentos y el sabotaje eléctrico. Y tan cierto es que lo sabía, que le dio al chavismo el 75% de las alcaldías en las pasadas elecciones de diciembre.

La oposición venezolana, habiendo quemado todos sus cartuchos de desestabilización sin éxito, nuevamente opta a la táctica de “hacer mutis por el foro”, como cuando fracasó el sabotaje petrolero de 2oo2. La acción del gobierno de Maduro durante diez meses consistió en desactivar buena parte de las conjuras derechistas, y en la actualidad, hace frente a la guerra económica que ya en diciembre empezó a mostrar su debilitamiento, con el plan general de ofensiva revolucionaria.

Lo verdaderamente sorprendente de todo esto es que  la respuesta de la derecha majunche (pues en realidad solo es eso, una derecha majunche), no consistió en hacer llamados a resistir al régimen, a enfrentarlo en la calle, a buscar una salida prematura del gobierno, sino en… ¡irse de vacaciones a Miami, Frankfurt y Madrid!… Ante la imposibilidad de gritar fraude, lo que representaba echarse cuchillo por los casos de Maracaibo, Valencia y Monagas, ciudades en las que ganó la derecha, lo mejor que pudieron hacer fue evadir el tema de los resultados. Al mismo tiempo Capriles, jefe de campaña de la MUD y candidato presidencial derrotado, se hizo el loco con el carácter de plebiscito que intentó darle a esa elección (y que solo fue una hábil estrategia para motivar el voto de la oposición).  Con el naufragio político de la reacción, y en medio del desánimo y desconcierto de las bases antichavistas, Capriles y compañía se desentienden del drama escuálido y se dedican al turismo navideño…

Se trata sin duda de una oposición de lujo, cómoda, que decía pensar en los dramas del pueblo humilde, pero en realidad apoyaba desde el principio a los especuladores, a los contrabandistas, a los burócratas corrompidos que sabotean, desde siempre, a la revolución. En pocas palabras, estaba sacando cuentas de los beneficios que obtendría, luego de caído el “régimen chavista”, pero, eso sí, sin sudar o poner una gota de sangre. De eso se encargaría ese mismo pueblo que dice defender. Pues es esta una oposición que hace resistencia en cómodos bares y hoteles europeos, en campos de golf o en tiendas mayameras, tomándose fotos con republicanos y parques de disneylandia… Incapaz de hacer llamados a cualquier tipo de resistencia porque no tiene capacidad de movilización que no sea el meramente electoral, esta derecha apátrida y cómoda se limita a enviar tweets quejándose del gobierno desde un avión privado rumbo a Nueva York o desde alguna sala de masaje en España o Francia.

Antes, la oposición (cuando la oposición era de izquierda, con razones de verdad para hacer lo que hacía) organizaba la resistencia armada yéndose a la montaña, huyendo de las fuerzas policiales, imprimiendo periódicos prohibidos o militando en partidos ilegalizados por la derecha gobernante (descrita en los párrafos anteriores).  La izquierda de verdad se la jugaba por el poder; muchos cayeron en esa lucha. Pero ahora, en la Venezuela chavista, la revolucionaria, esta reacción hace cómodos viajes a Europa y Norteamérica, tuitea desde celulares inteligentes para convertirse en la tendencia del momento, pide liberar a asesinos y delincuentes, promueve impunemente la guerra económica, siguiendo las directrices del departamento de estado gringo. Y para más desparpajo de esta resistencia de lujo, varios de sus conspicuos militantes poseen empresas, medios de comunicación, propiedades en el exterior, y hasta cargos de elección popular (Ya cité el caso de Cocchiola en Valencia al principio del texto); sin embargo, siguen viviendo y conspirando normalmente, sin que les pase absolutamente nada.

Y quizás es eso último lo mejor que podría pasarle a esta reacción: nada. Pues hasta sus seguidores tendrán que dudar de ella, que se da la gran vida para luego regresar al país, a mostrar aflicción por el pobre pueblo víctima del “régimen chavista”.

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