“No hay oposición”.

Publicado: 08/08/2014 en Uncategorized
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Hoy, mientras esperaba mi turno en la cola para pagar el recibo de teléfono, oí a mi lado a una señora quejarse de la situación económica del país. Con voz elevada la adulta mayor decía: “No hay agua, no hay luz, no hay comida… ¡Pero tenemos patria!”… Uno de los presentes aprobaba tales comentarios, a la vez que aportaba opiniones de similares rasgos apocalípticos. Y esto ante un nutrido grupo de personas que a esa hora de la mañana estaban más interesadas en volver a su rutina normal que oír las quejas y gimoteos de la derecha criolla. Sé que los que lean esto han vivido la misma situación, y deben sonreír cuando esto les ocurra.

Es así: la derecha venezolana, en vez de enfrentar al gobierno políticamente con un discurso y proyecto propios, se ha dedicado primariamente a rezongar y a cuestionar todo lo que haga el gobierno. E incluso, cuando en la coyuntura actual, se da un proceso de guerra económica activado por la burguesía venezolana, buena parte de la base de la oposición, en vez de cuadrarse en la lucha contra especuladores y bachaqueros, aúpa a sus verdugos capitalistas y espera una vez más que el gobierno revolucionario colapse… De la misma forma que esperó que el gobierno cayera con el golpe de 2002, el sabotaje petrolero de 2002-2003, el referendo revocatorio de 2004, sabotaje eléctrico de 2012… Y aunque un pequeño sector de la oposición, con mucho dinero y apoyo mediático, ejecutó los antes mencionados actos subversivos, al final, la tendencia mayoritaria del sector escuálido del país consistió en achacar las sucesivas crisis al gobierno del entonces presidente Chávez, sin hacer más nada que quejarse, esparcir rumores, sembrar cizaña y montar alharaca.

Cierto que la situación del boicot económico es compleja y genera amplio malestar en la población. Pero nadie en la derecha criolla está dispuesto a reconocer el gigantesco trabajo que el presidente Maduro y su gabinete han llevado a cabo para garantizar el acceso a la alimentación, salud y desarrollo integral del pueblo venezolano. Esfuerzo monumental en medio de un ataque sostenido por más de año y medio, que ha incluido el desconocimiento de su autoridad, 11 militantes chavistas  muertos en 2013, planes de golpe de estado, magnicidio, guarimbas, más de 40 muertos en tres meses de violencia fascista, pérdidas millonarias por vandalismo a obras públicas y servicios varios, asedio por parte del imperio gringo y sus aliados, manipulación mediática y empleo de símbolos para confundir a la gente en el exterior, con declaraciones de artistas y músicos de renombre en contra de la revolución bolivariana, etc…

Es cierto que las medidas de la ofensiva económica pueden ser más  contundentes (sobre todo en lo referente al contrabando de extracción), pero nadie puede decir que el gobierno no ha trabajado duramente para garantizar la alimentación al pueblo. Nadie puede decir que no ha habido detenidos por participar del contrabando de extracción, o que no se les haya incautado bienes para delinquir, como efectivamente ha pasado. Nadie puede decir que el gobierno no se ha sentado con empresarios y productores para superar “cuellos de botella” en áreas claves para la producción y distribución de alimentos, medicinas, servicios y bienes varios, pues la verdad es que sí lo ha hecho, y sigue haciendo llamados a aquellos a superar los vicios del rentismo y la especulación irracional.

Frente a un gobierno que trabaja, vemos a una oposición que, cuando no conspira, minimiza las amenazas de la burguesía y del imperio, hoy más envalentonados con la ausencia física de Chávez. Es una oposición que no apuesta a la solución de los problemas, sino a su agravamiento, por medio de la conjura y el odio acendrado a los más pobres. No está interesada en el diálogo, sino en la imposición de su voluntad autoritaria. No reconoce logros o triunfos de su adversario, sino que los oculta o de manera torpe, trata de ridiculizarlos, como el logro de más de medio millón de viviendas que hoy exhibe la revolución venezolana.

Los resultados de esta actitud errática, desesperada, se reflejan en las encuestas en una pérdida de apoyo significativo a la derecha venezolana y un rechazo mayoritario a su política violenta de guarimbas y barricadas. La mesa de la unidad se hundió en medio del caos al que intentó inducir al país. Sus desavenencias apuntan a un final fulminante, adelantado con la renuncia de Ramón Aveledo… Por su parte, las bases opositoras contemplan ese cuadro y se sienten confundidas, cansadas de una cúpula burguesa que les promete que saldrán pronto del “régimen chavista”, cuando este se fortalece de cada sucesiva crisis planificada por aquella y el imperio que desde el norte le ordena.

Los revolucionarios apostamos por y apoyamos al presidente Maduro en las medidas que deba tomar para garantizar el pleno abastecimiento, el equilibrio económico y el avance hacia la modo de vida comunal, socialista, por el que los patriotas luchamos. Sabemos del perfil de las dificultades y de la magnitud de los enemigos que estamos enfrentando. Hoy serán problemas de índole económico; mañana serán otras nuestras preocupaciones. Lo que vemos poco claro es el éxito de un derecha que vive mirándose el ombligo, se limita a la queja y no propone soluciones. Esa escasez de intelecto en el escualidismo quizás es la única escasez con la que hoy podamos sentirnos reconfortados.

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